"Quien escribe con amor encuentra el alma de la belleza"




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"HAGAMOS UN TRATO" Mario Benedetti

RELATO CORTO "PUERTAS ABIERTAS"

¡Buenas a tod@s!

Os dejo un nuevo relato corto "Puertas abiertas". Se permiten críticas y opiniones, con respeto y educación.
¡Gracias!

RELATO CORTO "PUERTAS ABIERTAS" REGISTRADO EN EL RPI DE BARCELONA.

“Otro día más sin saber quién. ¿Hasta cuándo me va a tener en vilo? Esto no creo que lo pueda suscitar yo. ¿Y si todo es una gran mentira? Las cartas no llevan matasellos y el servicio postal dice que no aceptan cartas que no lo lleven. Si Rodolfo se enterara de esto...Pero él ya se encuentra en el otro barrio, bien enterrado”

A Isabel, barcelonesa, ama de casa, de sesenta y tres años, pelo largo rizado y ojos azules, se le escapa una sonrisa maliciosa cada mañana cuando recuerda a su difunto marido, el que le propinaba golpes diariamente, el que no podía verlo hablar con otro hombre o, simplemente, permanecer más de veinte minutos en la calle.
Ahora, dos años después de su muerte en un accidente laboral, se levanta cada mañana a las ocho para desayunar y esperar las cartas en su domicilio.
-¡Ring! ¡Ring!
-¡Voy!
Isabel corre hacia la puerta y la abre rápidamente, sabiendo que se encontrará con...
-Buenos días, señora.
-Buenos días.
-Tenga.
-Gracias.
Cada día se despide de la misma manera del cartero, ese con el que se encuentra desde hace años, puntualmente, para recibir una decena de cartas que a ella le estremecen, haciendo valer su pasión por la lectura. Pero...
“Otra para la colección. Ya no sé si abrirlas o no. Me estoy cansando de este enigma. Pero dicen cosas tan bonitas…¿Alguien me amará de esa manera?”
Se sienta en su silla preferida, en el salón, acompañada por el habitual silencio de su casa, con su vestido de punto preferido. A su pesar, siente frío, el que combate con un moderno equipo de calefacción.
“Vamos allá. A ver si hoy, por fin, me dice quién es. Al menos para pensarme un sí o un no”.
“-Estimada Isabel
Cada vez que te veo en el mercado, me acuerdo de mi madre. No, no pienses mal.
Fue ella quién me enseñó el cariño, el amor por cada cosa que tiene vida. Y contigo ese amor se hace infinito, Isabel. Por eso, cuando pienso en ella lo hago en ti...y cuando lo hago en ti pienso en ella.
Si ella viviera y supiera que quiero pasar el resto de mi vida contigo y que no me veo capaz de decírtelo, me daría un buen azote. Y es que tus ojos cada día me susurran que eres la mujer de mi vida.
Sé que hoy me queda un día menos para reunirme contigo y es un día más en el que mi cariño por ti sigue esperando. Y aunque no sabes nada de mí (de momento) sólo quiero revelarte que llevo suspirando por ti desde que íbamos a la escuela.
Piensa ahora lo que quieras. Sé que no te acordarás de mí. Y eso, a pesar de lo que puedas creer, me encanta.
Se despide atentamente: AMOR
Isabel dobla el papel que tiene entre las manos, se seca algunas lágrimas con un pañuelo de papel y se vuelve a sentar.
“¿Un amor de la escuela? Cincuenta años atrás. Todavía tendré suerte y encontraré algo. Aunque parezca una locura, aún puedo olvidar el dolor que me causó Rodolfo”
Y se dirige audaz, a pesar de la artrosis, a su habitación. Allí, en una caja de galletas, esconde alguna de las pocas fotos que le quedan de su infancia y adolescencia.
“Perfecto. Ahora toca recordar. No éramos demasiados en la escuela. Tiempos complicados para ir.”
Sonríe amargamente. Su mente se transporta muchos años atrás, cuando todavía se presentaba el dolor de una guerra que separó a muchas familias.
“Pues...aún conservo los nombres en esta inscripción”
Y empieza a leer uno a uno, sin que pueda recordar en ese preciso instante la personalidad de cada uno de ellos.
“Vamos a apuntarlos en una lista. Llegó el momento de ponerte en jaque, amante misterioso”
Vuelve a sonreír, coge un papel, un bolígrafo de su mesilla y empieza a escribir:
-Arturo, Joaquín, Darío, Gerardo y Mariano.
“¿Pero cómo los encontraré? No resultará fácil, pero... ¿Qué me queda en la vida? Rodolfo me pegó durante años sin escucharme ni un solo día”
Y con impaciencia Isabel inicia ese mismo día su búsqueda, apoyada por algunos contactos y amigos, que no cejan en aportarle datos de las personas de esa lista.
Es así como encuentra a su primer candidato, Arturo, de 60 años. Ingeniero aeronáutico, se ha casado cinco veces y vive en China.
El encuentro resulta atractivo, pero el mismo día de llegar a Pekín descubre que Arturo frecuenta prostíbulos y hace pagar a las prostitutas parte de sus ingresos.
No desesperanzada, pero cansada por el viaje, llega a EEUU, donde vive el segundo candidato, Joaquín Bielsa.
Policía durante toda su vida, permanece arrestado en Miami por presunta colaboración en un asesinato. En esas circunstancias, ella consigue una visita, en la que Joaquín, tras pedirle una cantidad de dinero por su libertad, le confiesa que no es quién escribe.
Con el dolor de ver como sus ilusiones parecen truncarse, Isabel se marcha a Alemania, donde puede encontrar a Darío, al que recuerda como un niño agradable, de ojos azules, pelo negro y familia acomodada.
Ahora, a sus cincuenta y ocho años, está ingresado en un psiquiátrico por quemar tiendas de una cadena de supermercados. Por supuesto, Isabel no puede hablar con él.
Lejos de desanimarse y debido a que no irá más allá de Europa, viaja a Londres, donde sabe que el cuarto candidato, Gerardo, ejerce de abogado.
Tras seis días de búsqueda, lo encuentra tirado en la acera de una estrecha calle londinense, totalmente borracho. Pocos días después muere.
“Se me agotan las posibilidades y la esperanza de que esas cartas no son una broma pesada de algún loco o maníaco que juega con los sentimientos de la buena gente”
Tras averiguar que Gerardo en realidad es un alcohólico que vive a costa de los ingresos de su adúltera mujer, viaja a Italia.
Esta vez se arma de paciencia, pues debe soportar el robo de sus maletas en el aeropuerto de Roma.
“Mi última opción. Él...o me engañaron como a una boba de quince años. Y espero que no me vea Rodolfo desde el cielo. Virgen Santa”
Tras cuatro días buscando, encuentra a Mariano, de largos cabellos y ojos verdes, en un pueblo cercano a la frontera suiza. Allí ejerce como empresario de una cadena hotelera.
-¿Mariano? Soy Isabel. ¿Me recuerdas?
-¡Española! ¡Qué alegría! ¡No tengo el gusto, la verdad!
En esos momentos, para Isabel parece desvanecerse el sueño...
-¿Unas cartas de amor? No, no. Yo no estoy hecho para eso. Y menos para amar a una sola mujer. Los hombres no nacimos para romanticismos. ¿No lo sabías, Isabel? ¡Qué bien te conservas!
A pesar de los halagos de Mariano, ella no puede contener las lágrimas antes de despedirse.
-¿Buscabas consuelo? Yo te lo puedo dar.
-No, Mariano, no. No vine a eso.
-¿De verdad? Espera. Guardo una cosa para ti.
“No pudo resistirse. Ahora me dará su última carta”
Isabel espera con una gran sonrisa que Mariano regrese al salón, pero…
-Con esto aquí la gente se conserva mejor. Toma unos gramos.
-¡No, no!
-¡Cierra si te vas! ¡Ilusa!
“Me han engañado y jugado conmigo. Pero encontraré al gracioso que me envía esas cartas. Cueste lo que cueste”
Tras su llegada a Barcelona y durante dos años, Isabel intenta averiguar, con la ayuda del servicio postal, de dónde provienen esas cartas que ella sigue recibiendo.
“Querida Isabel:
Sé que quizás quieres encontrar a alguien que calme la sed de tus noches. Sin embargo, aquí sigo, esperándote, fiel a ti, queriendo estar junto a ti, paciente. No soy un fantasma, soy una realidad. En dos semanas mis palabras escritas terminarán.
Atentamente: AMOR.
-En dos semanas mis palabras escritas terminarán. ¿Qué interpretación le doy a esto? Tus palabras no son nada para mí. Porque no existes. ¡El amor no existe!
Isabel, después de leer esa correspondencia, en un día soleado y tranquilo, se echa a dormir de nuevo, con el único deseo de olvidar lo antes posible esas palabras. También sus pensamientos, tan negativos como cuando sufría las violaciones de su difunto marido.
Sin embargo dos semanas después, a las ocho de la mañana...
-¡Ring! ¡Ring!
-Buenos días.
-Hola.
-Hoy no le traigo ninguna carta, señora
-¿Y entonces?
-No puedo dejar de venir a su casa.
“¿Y este qué se tomó esta mañana? Mira que es feo el pobre. Por lo menos debe tener setenta añazos. Pero no…Estaría jubilado”
-Le agradezco que diga eso, pero mire mi reloj. Si no quiere nada más...
-Espere.
-¿A qué?
-No se altere.
-¡Qué son las ocho y un minuto de la mañana y no tiene cartas para mí!
-Pero sí algo que decirle.
-¡A ver! ¿Qué?
-Hoy me jubilo.
-¿Y? ¿Cree que eso me cambiará la vida?
-Llevo más de cuarenta años picando a su puerta, viendo su cara cada mañana, unos días alegre, otros días tristes.
-Normal señor pues...
-Y siempre deseé que llegara este día.
-¿Y a quién le gusta trabajar? A nadie señor. Venga, váyase tranquilo.
-Para dedicarte todos los que me quedan de vida.
“Este bebió algo de buena mañana o...quizás…no, no. Imposible”
-Sí, Isabel. Yo. Al que tanto buscaste.
-¿Tú? No.
-Francisco García.
-No puede ser porque...
-No me gustan las fotos.
En esos instantes aparecen las primeras sonrisas entre ambos. Isabel, boquiabierta, no es capaz de articular palabra.
-Y llevo todos estos años esperando el día de hoy para poder decirte que quiero vivir contigo. Porque mi padre hace muchos años me hizo creer que el amor verdadero existía. Porque cuando tu marido te pegaba, yo estaba contigo. Porque cuando él te hacía suya contra tu voluntad, yo sufría. Porque desde el primer momento que te vi, en aquella comunión que hicimos juntos, no pude dejar de pensar que algún día te tendría a mi lado. Mira.
Francisco saca unas fotos que lleva en un sobre azul y sigue:
-Estas las hice a regañadientes. Y las conservo bien, en casa, a pesar del tiempo. Mira que estábamos bien los dos. No como hoy: ¡Yo calvo y tú tan guapa!
Isabel, sorprendida, sonríe ampliamente y vuelve a escuchar:
-Sólo te pido pasar tres horas juntos. Mañana te invito a cenar...si no me dices lo contrario.
Ella le mira y ve sus pocos pelos en la cabeza, su bigote canoso, su vestuario informal.
Pero su presencia, sus calculados movimientos, el recuerdo de años y años recibiendo cartas llenas de ternura le hacen poco a poco estremecer.
-De acuerdo. ¡Pero pagas tú qué...!
-Sí, te hice viajar mucho estos últimos meses.
Los dos se echan a reír, se dan dos besos en las mejillas e Isabel cierra la puerta, con el corazón acelerado. Hasta el día siguiente, después de cenar en un restaurante céntrico de Barcelona, de recibir un centenar de rosas y de escuchar cantar una ranchera a Francisco, no podrá contener el aliento.
Y de vuelta a casa, esa noche, en la puerta, los pasos se detienen y los escalofríos aparecen en sus manos.
-Bueno Isabel…
-Una noche maravillosa. No creía que un hombre...
-¿Crees que todos somos como...?
-¿Cómo Rodolfo? Al menos, conmigo, todos iguales.
-Y tú que lees tanto…¿En los libros no leíste sobre el amor?
-¿Eso qué es?
-¡Todo!-afirma él, alzando la voz.
-Eso suena muy bien. Pero...
-Que tú no lo hayas vivido antes no quiere decir que no exista. ¿Eres creyente?
-Sí, claro.
-Entonces, deberías saber de lo que hablo. No hace falta que se presente aquí y ahora. Está aquí.
La mano de Mariano se dirige directamente al pecho izquierdo de Isabel que, conmovida, sólo puede decir:
-¿Y crees que él quiere que nos unamos?
-Lo quiere él. Y nosotros.
Y tras estas palabras y un beso, una cama les acomoda para encontrar el éxtasis bañados en cava.
-No puedo imaginar lo que puede estar pensando...
-Shsss. Esta noche es nuestra, Isabel.
-Casi lo estropeo.
-Lo comprendo. Muchos años de sufrimiento a tus espaldas.
-Y de no saber lo que es...
-¿El cariño?
-Sí.
-¿Eso que quiero darte yo todos los días que restan hasta morir?
Isabel sonríe, mira los ojos de su acompañante, suspira y pregunta:
-¿No pensaste jamás en el fracaso?
-Si piensas mal, las cosas no salen bien. Mi padre, que vivió enamorado toda su vida de mi madre, me convenció de que podría llegar a ti.
-Bueno...
-Sí, Isabel. ¿Cuántas cosas no te salieron bien por pensar con negatividad?
-¿Y por eso me esperaste tanto, por tu fe?-le pregunta ella, antes de que él suspire, se tome un sorbo de cava, la abrace y, sin saberlo en esos momentos, la colme de alegría hasta el último de sus días:
-Isabel: ¿Acaso crees que el amor entiende de razones, tiempo y edad?

PLATÓN Y SÓCRATES

Os invito a reflexionar sobre algunas frases de Platón y Sócrates:

"Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta"

"El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos."

"Habla para que yo te conozca"

"La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia"


¡Un abrazo!

LA GENTE QUE ME GUSTA





DE MARIO BENEDETTI

ME SIRVE Y NO ME SIRVE


Me sirve y no me sirve
La esperanza tan dulce,
tan pulida, tan triste,
la promesa tan leve,
no me sirve.
No me sirve tan mansa la esperanza
La rabia tan sumisa,
tan débil, tan humilde,
el furor tan prudente no me sirve.
No me sirve Tan sabia tanta rabia.
El grito tan exacto si el tiempo lo permite,
alarido tan pulcro no me sirve.
No me sirve tan bueno
Tanto trueno
El coraje tan dócil
la bravura tan chirle,
la intrepidez tan lenta
no me sirve.
No me sirve tan fría la osadía.

Si me sirve la vida que es vida hasta morirse,
y el corazón alerta sí me sirve.
Me sirve cuando avanza la confianza.
Me sirve tu mirada que es generosa y firme,
y tu silencio franco sí me sirve.
Me sirve la medida de tu vida.
Me sirve tu futuro que es un presente libre,
y tu lucha de siempre sí me sirve.
Me sirve tu batalla sin medalla.
Me sirve la modestia de tu orgullo posible,
y tu mano segura sí me sirve.
Me sirve tu sendero, compañero.

MARIO BENEDETTI

RECOMENDACIÓN DE LIBROS

¡Hola a tod@s!

Hoy os quiero recomendar algunos libros que a mí me han gustado. Os dejo la sinopsis de cada uno de ellos:

"EL MONJE QUE VENDIÓ SU FERRARI" de Robin Sharma




Es la sugerente y emotiva historia de Julian Mantle, un superabogado cuya vida estresante, desequilibrada y obsesionada con el dinero acaba provocándole un infarto. Ese desastre provoca en Julian una crisis espiritual que le lleva a enfrentarse a las grandes cuestiones de la vida. Esperando descubrir los secretos de la felicidad y el esclarecimiento, emprende un extraordinario viaje por el Himalaya para conocer una antiquísima cultura de hombres sabios. Y allí descubre un modo de vida más gozoso, así como un método que le permite liberar todo su potencial y vivir con pasión, determinación y paz.
Escrito a modo de fábula, este libro contiene una serie de sencillas y eficaces lecciones para mejorar nuestra manera de vivir. Vigorosa fusión de la sabiduría espiritual de Oriente con los principios del éxito occidentales, muestra paso a paso cómo vivir con más coraje, alegría, equilibrio y satisfacción.

«Una cautivadora historia que enseña y deleita al mismo tiempo.»
Paulo Coelho.


"AMANECERES CAUTIVOS" de Nieves Hidalgo





Toledo, 1521. Marina Alonso y de la Vega ha perdido a su marido, Juan de Aranda, y se ha visto desposeída de casi todos sus bienes. Carlos Arteche está seguro de que Juan ha sido asesinado, y jura encontrar a los culpables.
En la turbulenta España de Carlos I, Marina y Carlos se verán envueltos en dos guerras; la que vive el país y la que libran sus propios corazones.
La primera novela romántica moderna que se desarrolla integramente en un contexto histórico español, con una cuidada documentación.

"LA MAESTRÍA DEL AMOR" de Miguel Ruiz




No nos resulta difícil imaginar que todas y cada una de nuestras relaciones interpersonales podrían mejorar. Porque son muchos los supuestos y las creencias que, basados en el miedo, socavan el amor y originan conflictos y sufrimiento en nuestras relaciones.

La maestria del amor nos proporciona alternativas para sanar nuestras heridas emocionales, recuperar la libertad que nos pertenece por derecho y reencontrar la alegría como parte esencial de las relaciones amorosas. Comprenderemos por qué la domesticación y la perfección nos llevan a rechazarnos a nosotros mismos, por qué la guerra por mantener el control destruye la mayoría de las relaciones, por qué buscamos el amor en otras personas y cómo encontrar dentro de nosotros y, cómo perdonarnos a nosotros y a los demás.

¡Un fuerte abrazo, amigo lector!